Jeremías Gamboa Cárdenas
Boulder, Colorado, Oktober 2006


Desde su primera muestra individual presentada en Lima (Galería Forum, 2001), la escultora peruano-alemana Herta Seibt ha desarrollado una actividad artística consecuente y sostenida que se ha situado, hasta cierto punto, en una zona límite. “Líneas”, la primera exhibición que presentó ante el público peruano, ya ponía en evidencia los vectores maestros de su propuesta plástica.: del mismo modo que los objetos que presenta actualmente en E-Werk bajo el título “Transformaciones”, aquellos “móviles” de la individual limeña —ensamblajes de hierro cuyas partes podían ser dobladas o transformadas por el espectador a través del movimiento— se ubicaban en una instancia problemática respecto de las diferentes prácticas artísticas. Primero expuestos al proceso de percepción como dibujos y después como esculturas, constituidos como objetos instalados en espacios específicos que demandan una interacción corporal y a la vez objetos ocasionales de “performances” articulados a la propuesta de la artista, estos móviles parecen habitar y deshabitar diversos predios de la praxis plástica, manifestar una disrupción de campos disciplinarios a través de una escenificación paradójica: la continuidad de un trazado lineal en el espacio.

Una de las primeras sensaciones que genera la obra de Seibt a cierta distancia es la de emplazar al espectador a un enfrentamiento con un trazado que responde más a las soluciones del dibujo bidimensional o, en un segundo momento, de un “dibujo en el espacio”. Esa primera impresión, que activa la sensación del trazo de un mandala que se podría tomar como la realización de un orden o cifra del universo —y que acercaría la obra de Seibt a la de pintores peruanos como Armando Williams— se produce gracias a la subversión de muchas de las propiedades del material soporte. A pesar de que se trata de tubos de hierro de 21 milímetros de diámetro y cuatro de espesor que sólo pueden ser doblados con el calor de la luz autógena, su constitución en el espacio da a lugar la coreografía de ingrávidas formas escultóricas de reminiscencias tanto abstractas —en el caso de las “líneas”— como orgánicas. Ellas se expanden como emanaciones muy livianas de una extraña organicidad. De pronto se tiende sabiamente una sutil narrativa: con el paso del tiempo las “líneas” han dado paso a las “semillas”, y éstas a los “frutos” y “hojas”. La obra de Seibt, a su modo, se expande como un propio ser orgánico y traza ante los seguidores de sus movimientos la metáfora de un ciclo vital biológico. El nacimiento del vocabulario plástico y su desarrollo es el de las propias formas de las piezas, que han oscilado desde la inorganicidad a la vida.

Esa propiedad proteica de los objetos tiene un poderoso correlato en la dinámica que establecen con el espacio o los espacios en los cuales se insertan. Los objetos de Seibt se “transforman” de acuerdo a las condiciones de la propia arquitectura en un proceso que si bien no puede denominarse propiamente instalación, reúne muchas de sus condiciones. En el año 2004, por ejemplo, las “semillas” de Seibt se inscribieron con audacia en la masividad de una arquitectura tan poderosa como la del Museo de la Nación de Lima. Ante su relación con las pequeñas oquedades que mostraban las monumentales murallas del edificio, las “líneas” asumieron resonancias capilares y se resignificaron como emanaciones orgánicas de las propias formas del museo. Los trabajos adquirieron, además, sentidos distintos debido a la “performance” que sobre el espacio físico de la exposición ejecutó la bailarina de danza moderna Mirella Carbone, colaboradora habitual de la artista. Esa “transformación” del objeto/escultura en objeto significante en estricta relación a las necesidades corporales de quien interactúa con ellos, está enfatizadas de modo estupendo en uno de los videos que acompaña la presente muestra: de ser un dibujo abstracto en dos dimensiones, el “móvil” deviene en objeto de alteridad física al propio cuerpo humano y material especular de los estados de ánimo de una persona. Finalmente, si pensamos en el otro video de esta muestra —en que el propio objeto parece cobrar por momentos valor cinético propio—, podemos deducir que el objeto se ha terminado erigiendo en una forma cinética independiente que opera cambios en su constitución a la manera de verdaderos organismos vivos.

El espacio particularmente amplio de E-Werk ha llevado a Seibt a realizar una de sus soluciones más radicales en el espacio: reconfigurarlo completamente de acuerdo a las necesidades de desplazamiento y de respiración de sus propias “esculturas”. El grado de soberanía de la obra de Seibt no puede ser, entonces, mayor, aun cuando “Transformaciones”, como su propio título lo indica, pone el énfasis en el proceso y no tanto en los propios objetos. Nos encontramos, pues, ante el devenir de una propuesta artística tan cambiante y fluida como la fluidez y mutabilidad de nuestra propia vitalidad. Como si la obra de arte fuera una extensión sanguínea de nosotros mismos.